La globalización neoliberal, debido a las consecuencias nefastas que descarga sobre la inmensa
mayoría del planeta ha condicionado la búsqueda de vías que sirvan de paliativo a las condiciones
que impone tanto en el plano económico como social. Una de estas alternativas es la Economía
Social, Solidaria o del Trabajo, como se le ha dado en llamar, y principalmente su núcleo
fundamental: las cooperativas.
El cooperativismo ha desplegado un auge considerable en todo el planeta, mostrando logros
indiscutibles y fortalezas para hacer frente a la actual situación, sin embargo en su eficiencia y
eficacia socioeconómicas, en nuestra opinión, influyen dos aspectos esenciales: el uso adecuado de
los recursos materiales, financieros y humanos y la necesidad de perfeccionar sus relaciones con el
Estado.
Desde el propio surgimiento de las cooperativas sus relaciones con el Estado se presentan como un
tema sumamente controvertido. Algunos autores consideran que es una relación contradictoria,
consustancial al movimiento cooperativo europeo que nació y se desarrolló como una respuesta al
capitalismo y a los gobiernos que lo representaron en cada país. Esta contradicción ha estado dada por
el hecho de que los Principios y Valores del Cooperativismo reniegan abiertamente al lucro, al
individualismo, la polarización y la injusticia social congénitos al capitalismo. El movimiento
cooperativo, en un contexto donde la Globalización Neoliberal es el sello que distingue al sistema de
relaciones que domina en la mayor parte del mundo, emerge como una alternativa de desarrollo a
pesar de los escollos externos que lo entorpecen. Uno de los retos que en la actualidad tiene ante sí el
movimiento cooperativo para su despliegue y florecimiento, es precisamente, el redimensionamiento
de sus relaciones con el Estado, lo cual será abordado en nuestro trabajo