La infancia ha sido uno de los colectivos más infravalorados a lo largo de la historia y desgraciadamente -durante muchos siglos- ha permanecido privada de valores y de identidad. Éstas, junto a otras circunstancias, han provocado muchas sombras además de privaciones, que le han llevado a ocultar su verdadero capital. Desgraciadamente, algunas de ellas se mantienen todavía, aunque es justo reconocer el papel que juegan los diversos tratados y documentos internacionales que se han promulgado a favor de los menores y los más desprotegidos en la mejora de este colectivo. No son la panacea, pero ejercen una labor incontrovertible sobre el bienestar de los niños y sobre su desarrollo integral