La Nueva Mujer, independiente y con inquietudes tanto personales como profesionales, que avanza en visibilidad y representación, se ve también sometida al doble yugo de la tradición y la modernidad. Nuestra sociedad ha visto cómo la tasa de natalidad ha ido decreciendo progresivamente mientras llegaba la ‘liberación femenina’ y la consecuente entrada de las mujeres en el mercado laboral, por lo que una mujer de más de treinta años y sin un compromiso sentimental o sin visos de formar una familia tradicional constituye un elemento ‘desestabilizador’ para el sistema. A pesar de los avances a nivel superficial, seguimos recibiendo constantes mensajes desde distintas plataformas, para que nos identifiquemos con las tipologías normalizadoras del ‘ser mujer’. Entre ellas está el cine, y en especial el denominado woman’s film, películas sobre y para mujeres, que siguen patrones aparentemente repetitivos, sencillos e inofensivos, pero que esconden mensajes de valor ético y moral que pueden ejercer una poderosa influencia sobre las espectadoras, sin que éstas se percaten. Se trata de una discriminación mucho más dañina y peligrosa que el castigo físico: es el control de nuestra subjetividad y el maltrato a nuestra autoestima a través de nuestros cuerpos