En la actualidad, el potencial de los medios de comunicación social en cuanto a conformadores
de la opinión pública y de los imaginarios colectivos es innegable. Su poder se ve además
multiplicado cuando aborda realidades que se escinden de lo cotidiano para convertirse en no
contrastables, en no cognoscibles sino a través de los procesos comunicativos de mediación. De
este modo, la información se convierte en realidad eliminándose cualquier atisbo de referente
más allá del proceso comunicativo. En este contexto, informar sobre mujeres afganas se vuelve
una empresa ciertamente compleja: diferencia, rechazo, miedo, intereses diversos,
desconocimiento y prejuicio se añaden a una labor comunicativa ya de por sí ardua. En este
trabajo se pretende ahondar en cómo los medios de comunicación construyen una imagen de la
mujer afgana como un sujeto pasivo y sumiso, alejado de cualquier proceso de empoderamiento
construyendo a una mujer no sólo irreal, sino abismalmente diferente de “las otras” mujeres con
las que comparten espacio informativo, es decir, las occidentales. Contribuyendo con ello a un
proceso doble de discriminación: el que propugna el orden patriarcal y misógino y el del
feminismo occidental