Adoptando como referencia básica el tema de las transformaciones de percepción y axiológicas
que han tenido lugar en el siglo XX relativas a lo que cabe esperar de la relación entre géneros
así como, finalmente, la desestabilización de la propia “identidad” de Género especialmente a
partir de los 90 del pasado siglo, así como algunas significativas aportaciones de Virginia Woolf
en obras como Orlando (1928) y Una habitación propia (1929), la presente contribución intenta
ofrecer pistas para pensar el carácter mediador de la dimensión andrógina o transgenérica que
en los seres humanos frecuentemente queda oculta pero que, sin embargo, late en las
posibilidades efectivas del encuentro interpersonal, haciendo posible una plataforma para la
Igualdad entre géneros, en lo que exige de intercambio y ponerse en el lugar del Otro, base
imprescindible para una ética del Transgénero. La reivindicación de la androginia espiritual exige
el cuestionamiento filosófico de las posiciones dogmáticas de la identidad y del yo, lo que
aproxima la androginia a lo que habría de ser una concepción “postmoderna” y radical del ser
personal. Es de especial relevancia, sin embargo, que la apuesta de Woolf se vincule a nociones
no propiamente postmodernas (verdad, autenticidad, “naturalidad”) muy comprensibles, sin
embargo, desde el entorno sociocultural en que Woolf hubo de desenvolverse