Las investigaciones de las últimas décadas revelan el carácter cultural de muchas de las
asunciones que tradicionalmente han sido consideradas como naturales. Esta constatación invita
a repensar algunos de los presupuestos sobre los que se ha fundamentado nuestra cultura, a la
que subyace una lógica racional de dominación que se manifiesta tanto en la relación patriarcal
entre sexos como en la actitud de Occidente hacia la naturaleza y hacia otras culturas. La
diferencia sexual enfocada desde un punto de vista político, que involucra desde el orden social
a la propia autoimagen, abre la posibilidad de considerar nuevas vías de construcción identitaria
y social a partir de su cuestionamiento. A través del pensamiento de Monique Wittig y de Hélène
Cisoux, y en consonancia con algunos de los planteamientos del postestructuralismo, se invita a
una revisión de lo masculino y lo femenino entendidos tradicionalmente como categorías
opositivas y mutuamente excluyentes para, a partir de su reconsideración en la escena actual,
abrir nuevas posibilidades de autocomprensión y convivencia