La transición cultural que atraviesa Occidente está marcada por una crisis moral que
afecta tanto a la configuración del sujeto cuanto a la racionalidad moral misma. La pérdida
de la conciencia de pecado es un hecho que provoca una reflexión tanto sobre la relación
entre la experiencia religiosa y la experiencia moral, cuanto el significado de la conversión y
la salvación cristianas para el hombre contemporáneo