En su momento, la Transición a la democracia fue un revulsivo para la imagen exterior de España. Tan cierto como lo anterior es que hasta ahora no se le ha sacado todo el partido posible desde el punto de vista de la diplomacia pública y la política exterior. La celebración este año del 25º aniversario de nuestra Constitución es una ocasión que no se debe dejar escapar.
La imagen de la transición a la democracia fue un elemento clave en el cambio de la percepción de España en el exterior. Pero lo más importante es que el efecto de la Transición no se ha disipado. Diversos estudios realizados desde los años ochenta hasta la actualidad demuestran que la percepción de las instituciones democráticas españolas, frente a las de otros países de nuestro entorno, no ha dejado de mejorar.Otros indicadores de coyuntura no son menos importantes.Lula da Silva, el presidente de Brasil, llegó a plantear un acuerdo inspirado en los Pactos de la Moncloa para garantizar la gobernabilidad del país. En definitiva, España tiene un enorme capital político que está sin explotar. La celebración del 25º aniversario de nuestra Constitución es una veta que permanece casi virgen desde el punto de vista de la política exterior y la diplomacia pública españolas. Convenientemente explotada, mejoraría nuestra imagen sobre todo en algunos países, como los latinoamericanos, en los que la corrupción de los políticos locales ha salpicado la imagen de nuestras empresas y, por extensión, de nuestro país