No ha habido sorpresas en los debates presidenciales en política exterior, ya condicionados por la crisis financiera. Ambos candidatos han mantenido las posiciones conocidas y no parece que hayan influido en la opinión pública. Sin embargo, ha habido grandes temas ausentes del debate y no ha habido una explicación sobre una visión realmente alternativa al modelo de política exterior actual norteamericano. Así, cualquiera de los candidatos quedará condicionado por la política exterior de la Administración Bush.
El debate sobre política exterior y seguridad nacional ha estado condicionado por la crisis financiera y el paquete de ayuda de 700.000 millones de dólares. Además, ha estado muy medido y reducido a temas muy concretos como Irak, Afganistán, Irán, Rusia y la posibilidad de otro 11 de septiembre. China, la alianza con Europa, la reforma de la ONU, la Guerra Global al Terror (GWOT), el cambio climático y la discusión sobre una nueva visión estratégica han estado ausentes o se han tocado brevemente. Paradójicamente, y debido a la falta de una visión alternativa clara, cualquiera de los candidatos en mayor o menor medida quedará condicionado por la política exterior de la Administración Bush. No tanto de los parámetros que se establecieron en sus primeros cuatro años, sino de las “correcciones” realizadas en su segundo mandato, mucho más realista y pegada a las tesis internacionalistas. Esta situación obligará a enfrentarse a estos problemas en un escenario de declive presupuestario y relativa falta de recursos, además de la valoración del impacto y las consecuencias geopolíticas de la crisis a largo plazo