Mauritania presenta unos indicadores de desarrollo alarmantes, con más de la mitad de la población que vive por debajo del umbral de la pobreza y una deuda externa que supera su PIB. Junto a este malestar socio-económico, hay que añadir la desaprobación de la población de ciertas actitudes de la política gubernamental, tanto en sus relaciones exteriores –mantenimiento de las relaciones con EEUU e Israel– como en su política interna, que se han saldado con múltiples represiones en medios islamistas y opositores al régimen. Todos estos factores se perfilan, entre otros, como posibles causas en la intentona golpista y nos demuestran la inestabilidad de un país, a pesar de estar considerado en ocasiones como en "la buena vía", tanto por los aparentes avances democráticos logrados en los últimos años, como por los buenos augurios económicos. España mantiene, y le interesa seguir haciéndolo, lazos que van más allá de los puramente económicos