El euroescepticismo mantiene el protagonismo en la ideología del Partido Conservador en su retorno al gobierno británico. Aunque la UE ha perdido peso en el discurso Tory frente a otros escenarios, la apuesta por la repatriación de competencias y por la celebración de un referendo para autorizar nuevas transferencias de poder a Bruselas, muestran que hasta qué punto el Reino Unido será en los próximos años un awkward partner.
David Cameron cumplió los pronósticos el pasado mes de mayo y el Partido Conservador retornó al gobierno después de 13 años en la oposición. William Hague, Ian Duncan Smith y Michael Howard fueron incapaces de derrotar a la maquinaria laborista liderada por Blair. Cameron fue consciente de lo que necesitaba su partido y lo modernizó pero sin variar un ápice el euroescepticismo. Una vez en el poder, la UE ni tiene el protagonismo del pasado ni tampoco ha generado discrepancias con sus socios liberales-demócratas. Sin embargo, la dupla Cameron-Hague (ministro de Exteriores) se mantiene fiel a la tesis de la repatriación de competencias, al mismo tiempo que otorga un papel protagonista a la UE en escenarios como la competitividad económica, la lucha contra la pobreza o el cambio climático, aspectos todos ellos para los que aquélla no precisa de nuevas atribuciones competenciales, sostienen los Tories