El Tratado de Lisboa atribuye en exclusiva a la UE la competencia en materia de inversión extranjera directa (IED), integrándola en la Política Comercial Común. Así pues, a partir de la entrada en vigor de dicho Tratado la capacidad de negociar y firmar Acuerdos de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones (APPRI) recae en la UE.
La fuerte contracción de los flujos mundiales de inversión extranjera directa (IED) y especialmente en la UE ha generado una creciente competencia por captar nuevas inversiones extranjeras, canalizada a través de políticas más proactivas de promoción y firmas de nuevos Acuerdos de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones (APPRI). El Tratado de Lisboa supone una comunitarización en todo lo relativo a la protección recíproca de inversiones. Ello llevaría, en principio, a un fortalecimiento de nuestra posición negociadora ante los terceros países y, además, abre una nueva etapa que previsiblemente acabará ofreciendo una mayor transparencia a los inversores internacionales y por tanto aumentará el atractivo de la UE como destino último de inversiones. Es el momento de reforzar las políticas proactivas de promoción y captación de inversiones a nivel nacional como elemento diferenciador y catalizador de nuevas inversiones hacia nuestro país