La Cumbre Comercial de la Energía EE.UU.-Rusia ha supuesto un nuevo hito en la transición de la Guerra Fría hacia un nuevo orden estratégico. Desde la Guerra del Golfo, cuando la Unión Soviética se mantuvo al margen mientras EE.UU. organizaba su coalición internacional para expulsar a las fuerzas iraquíes de Kuwait, las relaciones EE.UU.-Rusia no han dejado de experimentar profundos cambios históricos. Mientras EE.UU. se ocupaba de consolidar su victoria en la Guerra Fría y de acelerar la globalización de la democracia y el mercado, Rusia debía afrontar su propia transformación y encontrar un nuevo papel en el cambiante orden internacional. Una transición al mercado tumultuosa, afectada por la polémica pero aún en pie, ha concedido a Rusia un nuevo conjunto de valores económicos y políticos que comparte con EE.UU. Sin embargo, ha sido la cuestión del suministro de energía la que ha llevado a los antiguos enemigos de la época de la Guerra Fría a acercarse cada vez más. “La Guerra Fría se ha acabado”, afirma el Secretario de Estado de Comercio Don Evans. “Actualmente, nuestra relación con Rusia está definida por nuevos acuerdos de negocios que sustituyen a aquellos sobre armamentos que predominaron en años pasados.” Esta nueva relación forma parte de la nueva política estratégica de EEUU para diversificar sus fuentes internacionales de petróleo y probablemente tendrá consecuencias para la política de EEUU en Oriente Medio y en Asia Central y para la geopolítica del petróleo