Este ARI estudia el desarrollo y las perspectivas de la actual crisis en Kirguizistán, evaluando los riesgos de descomposición, por un lado, y las posibilidades de consolidación democrática de su sistema político, por otro.
La aprobación de la nueva Constitución y el nombramiento formal de Roza Otunbáyeva como presidenta hasta diciembre de 2011 aporta una cierta estabilidad institucional y política y fortalece las expectativas de una consolidación democrática en Kirguizistán. De igual forma, la detención de algunos de los principales instigadores de la violencia interétnica en Osh y Jalalabad y el deseo de la población de recuperar la normalidad hacen más improbable un nuevo estallido en la zona meridional. No obstante, la profunda crisis política y social que atraviesa Kirguizistán dista de estar resuelta y todavía podría provocar la descomposición del país. Por un lado, aún queda por ver la viabilidad de la nueva estructura parlamentaria en un país marcado por la corrupción, el nepotismo y la falta de confianza en los cauces institucionales. Por otro lado, la estabilidad en el sur es frágil y los recelos entre las comunidades uzbeka y kirguiz podrían provocar nuevos disturbios. Además, el auge de grupos criminales y del islamismo extremista complican aún más el panorama en la zona