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¿Se dirige Irán hacia un enfrentamiento con Estados Unidos?

Abstract

Con la elección del alcalde fundamentalista de Teherán como nuevo presidente de Irán, el establishment clerical de línea dura ha consolidado su poder en todas las ramas del Gobierno iraní, lo que mermará las posibilidades de reconciliación entre Irán y Estados Unidos. La elección de Mahmud Ahmadineyad como nuevo presidente de Irán centraliza el control de la política exterior en manos del ayatolá Ali Jamenei, el líder supremo ultraconservador no electo del país. Cuando los religiosos de línea dura reemplacen a los reformistas que habían intentado fomentar el diálogo con Occidente, se hará más difícil cualquier posibilidad de mitigar los más de 25 años de antagonismo entre Teherán y Washington. La Casa Blanca, anticipándose a las tensiones que están a la vista, ha puesto en duda la legitimidad del recién elegido presidente, cuya campaña se ha basado en el compromiso de convertir a Irán en un Estado nuclear. En efecto, el resultado de las elecciones consolidará la influencia de los halcones de la Administración Bush, que argumentan que no se puede depositar ninguna confianza en Irán, salvo que cese por completo su programa de enriquecimiento de uranio. Por consiguiente, la Casa Blanca estará bajo presión para formular una política coherente con respecto a Irán, que abandone el actual enfoque de aceptar el statu quo y articule un plan de acción alternativo en el caso de que la diplomacia europea no consiga atemperar las ambiciones iraníes. En cualquier caso, es posible que el endurecimiento de posiciones por parte de todas las partes implicadas desencadene un ciclo de acción-reacción que podría derivar potencialmente en un peligroso conflicto en una región que destaca por su importancia geoestratégica

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