Solamente se puede establecer un marco financiero estable, justo y eficiente para la Unión Europea si se ceden a ésta competencias plenas en materia tributaria. Existen muy buenas razones por las cuales tanto los Estados miembros como los ciudadanos europeos podrían encontrar atractivo un “impuesto europeo sobre la renta del ahorro”.
La imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre las perspectivas financieras de 2007-2013 en el Consejo Europeo del 16-17 de junio de 2005 podría llevar a la Unión Europea a una grave crisis financiera y política. ¿Cómo se puede evitar esto? En primer lugar, hay que tener en cuenta que es improbable que se lleve a cabo una reforma marginal del actual sistema, a menos que se agrave su actual ineficiencia y falta de equidad y, por tanto, simplemente se está posponiendo la crisis y, muy probablemente, a un precio muy elevado; en segundo lugar, habría que encuadrar el problema de tal manera que no solamente facilitara la consecución de un acuerdo, sino que además contribuyera a mejorar la eficiencia y la equidad de las finanzas públicas europeas. Se ha argumentado que esto exige la cesión explícita de competencias tributarias a la Unión Europea que se correspondan al coste de los bienes y servicios públicos que haya de suministrar. La viabilidad política de dicho cambio estructural podría maximizarse si se viera acompañado por la asignación a la Unión de un nivel comparable de recursos y si el impuesto cedido a ésta fuera un impuesto europeo sobre la renta del ahorro