La celebración de elecciones legislativas y provinciales en la mayoría de los distritos argentinos ha comenzado a aclarar el panorama político. La firma del acuerdo con el FMI ha hecho lo propio en el económico. Sin embargo, y más allá del fuerte respaldo popular al presidente, todavía hay muchas dudas sobre el futuro argentino, especialmente en lo que respecta al papel que le tocará jugar al Partido Justicialista.
Durante las últimas semanas se han llevado a cabo comicios para elegir gobernadores y legisladores en la mayoría de las provincias argentinas. El resultado tiene varias facetas: han revalidado sus títulos casi todos los caciques territoriales, el justicialismo ha confirmado su carácter de partido dominante y el flamante presidente Néstor Kirchner pudo fortalecerse al imponer a sus candidatos en la ciudad de Buenos Aires y en otros distritos menores. Sin embargo, Kirchner no ejerce el liderazgo del partido y ello lo ha llevado a tejer coaliciones transversales que molestan al aparato tradicional justicialista. Hay, por ahora, una sorda puja que puede terminar en un conflicto abierto o en un consenso intra-justicialista. A favor del presidente juegan su gran popularidad inicial y el ciclo económico expansivo; a favor de los caciques territoriales, comandados por el ex presidente Eduardo Duhalde, los enormes recursos políticos acumulados en las gobernaciones y en el Congreso. El tiempo dirá