Las elecciones legislativas iraquíes del 7 de marzo de 2010 tendrán implicaciones en la lucha por el dominio regional entre EEUU e Irán. El análisis de los escenarios poselectorales puede resultar esclarecedor.
La lucha de baja intensidad entre EEUU e Irán en los meses previos a las elecciones legislativas iraquíes del 7 de marzo es una clara muestra de que son cruciales no sólo para Iraq sino para el equilibrio de poder en la región. Sin embargo, la aceptación del embajador estadounidense en Bagdad de la descalificación de importantes candidatos afines, como Saleh al-Mutlak y Dafer al-Ani, para las elecciones, es un reconocimiento implícito de la derrota estadounidense. Washington ha preferido no seguir tensando la cuerda de la batalla preelectoral ante el temor de que se rompiese, pues su prioridad, por encima de que ganen las elecciones las listas que apoyan, es que se celebren para poder seguir su política de desconexión de Iraq y concentrarse en Afganistán