La existencia, la aparición y el desarrollo, de una identidad europea es un tema polémico. Los gobiernos nacionales de los Estados miembros de la UE sienten ciertos recelos respecto a una nueva identidad europea que pudiera perjudicar la identidad nacional de sus ciudadanos (y, de este modo, la legitimidad de los gobiernos nacionales). La UE, por su parte, tiene interés en desarrollar una nueva identidad que considera uno de los elementos más relevantes para superar los problemas de legitimidad de sus instituciones