Las fuerzas de la oposición kurda, que administran desde la guerra del Golfo Pérsico un Estado independiente “de facto” en la zona montañosa del Norte de Irak, están llamadas a jugar un significativo papel en la nueva crisis abierta entre Sadam Husein y Estados Unidos. La actual coyuntura internacional ha colocado a sus dos principales organizaciones –el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) y la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK)- ante la tesitura de arriesgar este control sobre el Kurdistán iraquí al tener que sumarse a las posiciones norteamericanas