Desde el inicio del conflicto libio se ha especulado mucho sobre las incertidumbres energéticas que plantea una Libia sin Gaddafi. Los retos priorizados hasta la fecha, seguridad de las instalaciones y su reconstrucción, no pueden superarse sin una mejora de la seguridad general y el restablecimiento de los servicios energéticos básicos a la población. Además, una agenda energética comprensiva debe incluir también como prioridad mejorar la gobernanza del sector energético libio, elemento crucial para la propia evolución económica y política del país.
La caída de Gaddafi ha despejado en parte las incertidumbres referidas a la duración e intensidad del conflicto libio y los temores a una posible partición inmediata del país. No obstante, persisten las dudas sobre la capacidad del CNT para asegurar el territorio, formar un gobierno capaz de gestionar la reconstrucción física e institucional del país y proporcionar un marco político y económico estable y unificado. Dado el dominio casi absoluto de los hidrocarburos sobre la economía libia, la agenda energética del post-gaddafismo resulta un vector clave para la evolución del país. Entre los elementos de esa agenda se encuentran la necesidad de asegurar gradualmente las instalaciones de refino, almacenaje, transporte y extracción; llevar a cabo una evaluación de daños y proceder a la reconstrucción priorizando los servicios energéticos básicos a la población; y, finalmente pero de la mayor importancia, establecer mecanismos transparentes de gobernanza de los hidrocarburos del país. Una mejora de la transparencia en su gestión y distribución puede constituir una contribución fundamental a la estabilidad de Libia. Ello supone además para la UE una oportunidad de alinear valores e intereses en una región que demanda que los compromisos europeos se materialicen con la misma transparencia