La creciente importancia de los conjuntos hispanos en EEUU y la correlativa expansión social que advierte la lengua española se acompaña –como reverso– de una rápida aculturación lingüística de los jóvenes. En esta tendencia, que supone la sustitución y pérdida, más o menos completa, de la lengua vernácula, median diversos factores. Las políticas educativas, las tendencias uniformadoras y los movimientos conservadores americanistas, opuestos a la diversidad lingüística, son los más explícitos. Pero también operan, de modo tácito, las imágenes, prejuicios y actitudes.
Históricamente la lengua española ha tenido una presencia constante en EEUU. No en balde, una extensa franja del sudoeste –lo que ahora son los estados, o parte, de Texas, California, Arizona, Nuevo México, Colorado, Nevada y Utah– fue parte primero del imperio colonial español y más tarde –hasta 1848, fecha del Tratado de Guadalupe-Hidalgo que sella la paz tras la guerra méxico-americana (1846-1848)– de México. También Florida, adquirida a España en 1819, compartió esa raíz. De ahí que en esas áreas el español precediera al inglés y, pese a los intentos en contra, ha seguido vivo, aunque fuese de manera residual. Nombres de estados, ciudades, instituciones y genealogías atestiguan y actualizan tal antecedente