La perspectiva de España como Estado ribereño, en el que se suceden y sucederán importantes y graves siniestros marítimos, dada la intensidad de los tráficos marítimos, especialmente con mercancías peligrosas, justifican el tratamiento riguroso y con estándares internacionales de las emergencias marítimas como un objetivo prioritario e irrenunciable. Nuestro país presenta un histórico de desastres realmente notable: POLYCOMANDER (1970); ERKOWIT (1970); URQUIOLA (1976); ANDROS PATRIA (1978);); CASON (1987); AEGEAN SEA (1992); ROBERT MAERSK (1993); PRESTIGE (2002); OSTEDJIK (2007).
El propósito de este artículo, en línea con anteriores pronunciamientos personales sobre la cuestión, es hacer una breve reflexión sobre la falta de un modelo para gestionar con eficiencia las emergencias marítimas, una carencia que los recientes siniestros del SORRENTO y el OLEG NAYDENOV han puesto de nuevo en evidencia.Preprin