La cocina de una casa nobiliaria era semejante a un cosmos de tradiciones, cultura y habilidades. A comienzos del siglo XIX todavía se mantenía toda la complejidad y riqueza propia del Antiguo Régimen tanto en las exquisiteces empleadas en sus recetas como en los procedimientos de elaboración propia y en el sostenimiento de una despensa que hiciese posible la alimentación del linaje en las diferentes épocas y estaciones. El recetario de la Casa de Bureta en Aragón es un claro ejemplo de esta gastronomía señorial que recoge toda una cultura de la buena mesa de varias mujeres de esta familia solariega, entre las que se encuentra la heroína de «los Sitios» de Zaragoza en 1808, María Consolación Azlor y Villavicencio, condesa de Bureta y luego baronesa de Valdeolivos