Estas páginas, fruto de una conferencia pronunciada en la Universidad Complutense de Madrid con motivo del homenaje a Pedro Laín en el primer centenario de su nacimiento, tienen la intención de evocar el pensamiento de Laín sobre la esperanza y la Trascendencia. El autor lo hace desde la admiración y el cariño hacia un gran maestro. En ellas apenas entra en diálogo con él, tal vez porque su interrogante no es si moriremos del todo, sino sobre todo si resucitaremos. Un interrogante que Laín sólo conoció en esa “modalidad suave” en la que tal vez todo ser humano termina percibiéndolo; la otra modalidad, la “fuerte”, la de Bloch, le fue, por suerte para él, ajena. Laín fue siempre un gran creyente cristiano