Se presentan en este artículo dos reportajes y una reflexión que, de alguna forma concilian, desde la Arquitectura, ciencia y humanismo y demuestran que es posible conseguir la imprescindible armonía entre las edificaciones industriales y la misión que desempeñan sin necesidad de recurrir a un funcionalismo estéril que, causando la desintegración del entorno, perdiese toda su vigencia en el mismo plazo en el que la alta tecnología que alberga quedara desfasada