Los cortes de alimentación eléctrica del pasado verano han enfrentado a grandes masas de población con la estupefacción
que se siente si hay accidentes en sistemas cuya fiabilidad es tan grande que el uso consuetudinario nos ha acostumbrado
a indignarnos si la probabilidad de fallo se convierte en certeza y descubrimos que esa fiabilidad no es infinita.
Quiero decir con ello que hemos ido incorporando a nuestros hábitos las ventajas que produce el uso de nuevas aplicaciones de los avances científicos y técnicos que la ingeniería, siguiendo su tradición de progreso continuo y protagonismo público nulo, ha ido poniendo a nuestra disposición y, como pasa siempre, solo valoramos lo que damos por descontado que tenemos cuando dejamos de poseerlo