A lo largo del siglo XX hemos asistido al nacimiento de nuevos parámetros culturales que redefinen el concepto de arte y artista. El artículo defiende el flashmob como una práctica escénica surgida gracias a la colaboración de las redes sociales, una manifestación capaz de convertir en actor ciscunstancial a cualquier ciudadano que acepte formar parte, durante unos pocos minutos, de este proyecto colectivo