En el tercer trimestre de 1998, la economía española continuó dando muestras de una intensa vitalidad, aunque menor que en los dos trimestres anteriores. Este favorable comportamiento fue consecuencia de la expansión de la demanda interna, ya que por el contrario la demanda externa neta contribuyó con -0, 6 puntos porcentuales al crecimiento del PIB. A este respecto, hay que resaltar que tanto las importaciones como las exportaciones de bienes y servicios se desaceleraron en el periodo de referencia, si bien las primeras lo hicieron con menor intensidad que las segundas. En cuanto a las importaciones, éstas se atenuaron como consecuencia de la moderación de la demanda interna. La amortiguación de las tasas de crecimiento de las exportaciones fue el resultado de un menor comercio mundial. Ello se debió al estado de inestabilidad de los mercados internacionales creado por la crisis rusa, la continuación de la de los países asiáticos y su influencia sobre las economías Latinoamericanas y otros países emergentes. Fue destacable el
proceso generalizado de ralentización del crecimiento de los precios habido tanto en las importaciones como en las exportaciones a lo largo de 1998. Este comportamiento fue consecuencia, en gran medida, de los elevados retrocesos experimentados por precios de los productos energéticos en ambos casos, en sintonía con el proceso de deflación de los
precios del petróleo y otras materias primas que ha tenido lugar en los mercados internacionales. Es previsible que esta evolución se hayaestos comportamientos se hayan agudizado en el cuarto trimestre, y se prolongue a los primeros meses de 1999. Con ello, 1999 se podría cerrar con una aportación negativa al crecimiento del PIB en tomo a 1,1 puntos porcentuales. Por otra parte, el saldo por cuenta corriente y de capital supondría un 1,0% del PIB en 1999