Quevedo zahirió a los maridos pacientes y les dedicó las más crueles
burlas imaginadas e imaginables, llegando a decir que era el oficio más
rentable de la república. Dedicó también un entremés al prototipo de
todos ellos, Diego Moreno, atraído siempre por los tipos literarios. Se
recoge aquí el nacimiento y la rica vida literaria de este prototipo popular, al que Quevedo le llevó a alcanzar gran categoría literaria, y al que
volvió a recordar en Los Sueños, donde es increpado por la dureza con
que le ha tratado siempre. Para ello Quevedo partió de las huellas de
Diego Moreno, que encontramos ya en varias canciones del Truhanesco
de Juan de Timoneda