Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra
Abstract
En el 2003, a los cien años de la creación
de la Pontificia Comisión Bíblica, Joseph
Ratzinger, que entonces era su presidente, reflexionaba
sobre la trayectoria de la Comisión. Contemplaba,
primeramente, no sólo las dificultades
que los exegetas católicos hubieron de pasar por
no serles permitida la exégesis histórico-crítica
(antes de 1943), sino también las dificultades de
los exegetas protestantes, en esos mismo años,
por la exageración del método crítico; e invitaba a
tomar en consideración los documentos magisteriales
sobre temas bíblicos del segundo medio
siglo de la Comisión, es decir, de 1943 a 1993. En
segundo lugar, valoraba con prudencia los cincuenta
primeros años de la Comisión. Aunque
hubo restricciones excesivas, es innegable que la
fe y el Magisterio tenían (y tienen) algo que decir
con relación a un libro tan particular como es la
Sagrada Biblia. En esos primeros años de la Comisión,
hacía falta revisar la relación fundamental
entre fe e historia. Entretanto, no sólo se han corregido
las decisiones de la Comisión Bíblica que
habían entrado demasiado en el ámbito de las
cuestiones meramente históricas; sino que también
se ha aprendido algo nuevo sobre las modalidades
y los límites del conocimiento histórico