Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra
Abstract
Palabra y silencio se implican
mutuamente: sin silencio no puede
haber palabra, y viceversa. Esta relación
existe también —de modo
absolutamente original— en Dios. La
noción de misterio sintetiza la permanente
realidad de palabra y silencio en
Dios; esto significa que el «Deus revelatus» sigue siendo necesariamente
«Deus absconditus». A partir del misterio,
se presenta el llamado «silencio de
Dios» ante el mal, y se ofirecen pistas
de respuesta a partir de Cristo crucificado
y resucitado