La representación es el artificio de crear una imagen
tridimensional sobre una superficie de dos dimensiones. Esta evidente
contradicción lleva al pintor a soportar diversos temores. Por un lado,
interviene el miedo intelectual. El conflicto de realizar una acción falsa,
que actúa con nociones que no lo son. Pero también existe el miedo
personal surgido de la desconfianza en la propia habilidad y, en
consecuencia, en la calidad de la obra realizada. El pintor es actor y
espectador y realiza una obra que debe juzgar, desde el exterior, como
espectador