Uno de los rasgos que más característicamente distingue a las Ordenes militares medievales es la integración en una sola institución -no sin ciertas matizaciones- de las atribuciones de dos de los tres estamentos en que estaba ordenada la sociedad cristiana occidental anterior a la Revolución francesa: el de los guerreros o bellatores y el de los oratores o clérigos. Esta institución ambivalente pretendió así atraer a su seno -y lo logró en gran medida- a miembros de los dos estamentos que monopolizan el poder político y buena parte del poder económico en la Europa cristiana del siglo XII