Observatori de Bioètica i Dret, Parc Científic de Barcelona
Doi
Abstract
Sorprende que en estos tiempos de exaltación de la autonomía individual, la última fase de la vida sea librada a la iniciativa ajena y resulte tan radicalmente heterónoma. Quizá
la razón sea que no concebimos nuestra muerte, ni la de los demás, como un trance vital sino, repito, como el desenlace, como algo que ya no es vida, sino punto final de la vida..