Quiero agradecer a Luisa Murare su discernimiento y clarividencia una vez más. Le reconozco la capacidad de poner nombre a las experiencias de las mujeres, algunas de ellas fruto de un gran desorden simbóllco como es la prostitución. Me refiero a su artículo publicado en la sección de debate de la Revista Duoda núm. 23 titulado 'la prostitución: una caricatura'. Entender la prostitución con independencia simbólica femenina me ha ayudado a clarificar este malestar, este horror femenino -que ella dice- hacia la prostitución. Porque no es una cuestión de 'gazmoñería' puritana, ni de izquierdas -no tengo nada en contra de las reivindicaciones de las prostitutas y su autoorganización, etc., etc., mi malestar y mi inquietud surge de otro lugar que ahora sé ver mejor