El presente artículo contiene reflexiones sobre la traducción culinaria entre el polaco y el castellano, tarea que a primera vista puede parecer imposible por falta de equivalentes culturales y lingüísticos. Estas reflexiones llevan a la conclusión de que es imposible traducir de forma rigurosa una receta culinaria sin conocer perfectamente las dos culturas, la original y la de destino. No es suficiente saber perfectamente ambas lenguas, ya que el papel del traductor no consiste en traducir palabras, sino en ejercer de mediador intercultura