En su corta vida, Diego Sandoval de Castro (1516-1546) fue poeta y hombre de valor, siempre dispuesto a luchar ferozmente contra los compromisos y las injusticias de la corte. Por ello, fue condenado varias veces en contumacia, pero orgulloso e indómito, conservó un espíritu siempre orientado a la búsqueda de la belleza. Un espíritu libre, capaz de rescatar al hombre de los lazos de su misma miseria, a través del arte que representaba la única fuerza regeneradora. El intelectual renacentista con “Le rime del signor Don Diego di Sandoval di Castro” (1542) manifiesta su postura filógina y subraya su fidelidad a la causa femenina a través de la figura de Isabella Morra. Entre los dos hubo una simple correspondencia literaria, una amistad o quizás un amor. La crítica habla de un inocente intercambio epistolar, mientras que quienes los detractan de un intercambio de sentido amoroso, de una relación sentimental. Este rumor dicta su sentencia de muerte. Los hermanos Morra, al enterarse de esta supuesta relación, deciden lavar con la sangre la vergüenza de la deshonra. Diego Sandoval estaba casado pero, lo que es más grave, era español, mientras que ellos eran filofranceses. Había odio hacia el español vencedor y dueño del Reino de Nápoles