¿Se puede pensar la violencia? ¿Se puede juzgar la violencia? Éstas son las preguntas que, al amparo de una lectura de la obra de Hannah Arendt, imprimen su rumbo a las páginas siguientes. El fenómeno de la violencia, y de su relación con la política, parece por momentos impermeable a la reflexión política, y parece estar condenado a ser subsumido en una reflexión de tipo moral, condenatoria de toda acción en que un hombre o un grupo de hombres ejercen violencia sobre otro(s) –trátese de un tiranicidio, una revuelta popular, el asesinato de un ciudadano por parte de bandas estatales o paraestatales, o un asalto seguido de muerteo a una valoración en términos de la mejor adecuación de medios a fines, siendo los fines –y no los medios- los únicos susceptibles de participar en ese caso de un análisis propiamente político.El fenómeno de la violencia, y de su relación con la política, parece por momentos impermeable a la reflexión política, y parece estar condenado a ser subsumido en una reflexión de tipo moral, condenatoria de toda acción en que un hombre o un grupo de hombres ejercen violencia sobre otro(s). En este texto he considerado que el tránsito a través de la obra de Hannah Arendt pode ser un camino fértil para avanzar en una dirección distinta dado que pocos autores han como ella insistido en la necesidad de distinguir radicalmente la violencia del poder y el poder de la dominación