El escritor vasco fue, sin duda ninguna, un médico que contemplaba con desgana
el mundo, retratándolo en sus apresuradas páginas. En este sentido, aportó una
reflexión interesante, tanto en la teoría, como en la práctica, sobre la novela. Así lo
hace al parecer en muchas de sus obras, como La nave de los locos. En La busca
también nos da pistas, pues vemos cómo empieza un capítulo y de pronto se detiene,
entrando en persona y afirmando que ese tipo de párrafos son buenos para el
folletín francés, continuando tras punto y aparte con un estilo más personal. Nos
enseña sus trucos para penetrar en el alma humana, extraña generosidad en los prestidigitadores.
En Camino de perfección, hablando el narrador en primera persona,
se pregunta si tiene en sus manos un manuscrito o cartas, formas de entrar en la intimidad
de sus criaturas, de sí mismo. Y así, sus indagaciones sobre el personaje y el
punto de mira del narrador, son novedosas. Recordemos en El mundo es ansí cómo
comienza la primera parte con el mismo autor como narrador, incluso iniciando en
primera persona, cómo continúa en la segunda con cartas de la protagonista, concluyendo
en la tercera con ésta como narradora. Consigue irnos introduciendo en
el alma rusa de Sacha, que conocía a través de sus admirados Tolstoi y Dostoievski.
Desenmascara así a sus personajes, pues éstos van cubiertos como toda persona,
como un comediante en el teatro.Peer reviewe