Coloquio celebrado con motivo del Centenario del Centro de Estudios Históricos en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC.A comienzos del XX tres son los más destacados innovadores de nuestra historia del Derecho: Rafael Ureña Smenjaud, Eduardo Hinojosa Naveros y Rafael Altamira Crevea. El heredero intelectual de Hinojosa será, más adelante, Claudio Sánchez Albornoz. Mientras Altamira, Hinojosa y Sánchez Albornoz estuvieron directamente conectados con el Centro de Estudios Históricos, Ureña llevó a cabo una labor paralela con la creación del Museo-Laboratorio Jurídico en la Universidad Central.El trabajo de esos cuatro próceres orienta la historia del Derecho al estudio de las instituciones político-sociales de las que emanaban los textos legislativos. Los cuatro muestran un interés particular por la historia del Derecho hispano medieval como reflejo y crisol de la idiosincrasia jurídica nacional; pero en la obra de Ureña hay una singularidad, al haber recogido con esmero las aportación árabes y andalusíes.Al rememorar hoy sus grandes aportaciones, consideramos también un problema posteriormente suscitado por Alfonso García Gallo, en cierto modo --y ya en una época diferente-- continuador de esa tradición: el de la dualidad de planteamientos de la historia del Derecho: el historiográfico y el jurídico. Un estudio genuinamente jurídico de la historia del Derecho parece requerir que, superándose el juspositivismo, se aborde el ordenamiento jurídico, presente o pasado, con un concepto del Derecho que incluya un elemento de idealización o normatividad supralegislativa y que comprenda una noción implícita de justicia.CCHS.CSI