¿Exactamente de qué manera se considera que
deben relacionarse la filosofía y la pedagogía en/para
América Latina? ¿Debe ser la primera un trasfondo conceptual
social con diagnósticos históricos heideggerianos y
lineamientos de orden ético-moral que pretendan inundar
la pedagogía hasta en sus instancias metodológicas, al
estilo de aquellos pensadores que gustan de diseñar el
componente filosófico de la pedagogía freireana? ¿O debe
ser la filosofía una matriz de objetivos humanista-cristianos
y aroma ontológicamente reivindicador para una
pedagogía “liberadora”? ¿No saben ambas opciones a
planteamientos románticos con espíritu filosófico-terapéutico?
Y más importante: ¿No han definido cierto “formato
sugerido” para otros lineamientos teóricos que
abordan esta relación