Dealer em Nova Iorque, sambista en la favela carioca Mangueira, exiliado tropicalista
perdido en los sixties londinenses, exótico menino brasileiro en Washington DC, nieto
de anarquistas, jovencito de pantalones cortos sentado a la mesa de los artistas y poetas
concretistas paulistanos, miembro de la paradigmática secesión neoconcretista,
vagabundo y aristócrata, libertario, políglota, callejero, herói e marginal, la figura de
Oiticica alimenta las más variadas mistificaciones y paroxismos autopromocionales de
la escena artística brasileña de las últimas décadas