Se presenta el caso de un paciente poli traumatizado quien llega al servicio de urgencias, con signos vitales estables, con lesiones óseas en miembro superior e inferior, que horas posterior a su estancia presenta hematuria, hematemesis y descompensación hemodinámica. En el paciente en particular los médicos residentes de una manera displicente culpan a quien recibe al paciente de ser quién falla en el diagnostico y que puede morir por su culpa. Bajo un diagnostico de desgarro aórtico y pronóstico reservado se espera la evolución del paciente, quien es dado de alta al tercer día con un cambio drástico de su pronóstico