El tracto hepatobiliar se inicia con la red de canalículos biliares (espacios formados por la región apical de hepatocitos adyacentes), donde se genera la bilis, y continúa con los conductos biliares intrahepáticos, en los que la bilis resulta modificada por las células epiteliales que tapizan dichos conductos (los colangiocitos). La bilis es una solución acuosa que contiene solutos orgánicos (ácidos biliares, fosfolípidos, colesterol, pigmentos biliares, glutatión y proteínas, así como múltiples metabolitos de sustancias endógenas y exógenas) e inorgánicos (fundamentalmente bicarbonato, cloruro, sodio, potasio y calcio). La composición y concentración de cada uno de estos solutos varía a lo largo del tracto hepatobiliar. Por ello se puede distinguir entre la bilis canalicular (o primaria) y la bilis ductular (o bilis modificada a lo largo de los conductos biliares mediante procesos de secreción/absorción que la fluidifican y alcalinizan). En la generación y modificación de la bilis intervienen múltiples proteínas transportadoras localizadas en lugares específicos de los hepatocitos y colangiocitos, y todo el proceso está regulado por diversos estímulos de tipo metabólico, hormonal y neurovegetativo 1-3 . De los 600 a 1.200 ml de bilis generados diariamente en humanos, un 60% corresponde a bilis canalicular. La mitad del flujo biliar canalicular se genera por la fuerza osmótica que ejercen las sales biliares (flujo biliar dependiente de sales biliares; en inglés, bile salt-dependent bile flow), mientras que la otra mitad se genera por la fuerza osmótica debida a la excreción de otras sustancias, sobre tod