La inmigración suele entrar en el debate económico español por la puerta del empleo asalariado. Es comprensible: ahí están los grandes volúmenes, las cotizaciones y las urgencias de muchos sectores. Pero esa lectura deja fuera una parte menos visible de la misma realidad: inmigrantes que trabajan por cuenta propia, pequeños empleadores que contratan, negocios familiares, profesionales autónomos, proyectos nacientes que todavía no han alcanzado una forma empresarial estable y actividades que sostienen comercio, hostelería, cuidados, transporte, construcción o servicios de proximidad. El análisis de los datos no permite una frase fácil. En la EPA del primer trimestre de 2026, la población extranjera representa el 15,8 % de la ocupación y el 16,0 % del trabajo por cuenta propia. Vista así, su presencia empresarial se parece mucho a su peso laboral. La diferencia aparece al abrir el grupo extranjero: los comunitarios alcanzan una tasa de trabajo por cuenta propia del 20,8 %, bastante por encima de la española, mientras que los no comunitarios quedan en el 12,3 %. Estos últimos, aun con menor intensidad relativa, reúnen más volumen absoluto dentro del autoempleo extranjero. No es una contradicción. Es la diferencia entre tasa y tamaño. La investigación combina EPA, Seguridad Social, GEM España 2024-2025, Censo anual del INE, Banco de España y literatura académica reciente. Se compara población española, doble nacionalidad, extranjeros de la Unión Europea y extranjeros no comunitarios. La primera generación se aproxima con el país de nacimiento; la segunda se aborda con cautela, porque la estadística pública todavía no cruza de forma cómoda generación migratoria, condición empresarial, sector y tamaño de negocio. Esa laguna no es menor. Precisamente por eso las conclusiones se formulan con prudencia
Is data on this page outdated, violates copyrights or anything else? Report the problem now and we will take corresponding actions after reviewing your request.