En este texto se comparte una reflexión sobre la lectura desde una perspectiva poética, alejándose de la rigidez académica para explorar la ambigüedad y la metáfora. En esta medida, se aborda la noción de “mirada poética” como una forma de crear presencia y atención en el presente, contraponiéndola a la aceleración y la dispersión del tiempo moderno, regido por el reloj y la lógica de la productividad. Además, se argumenta que la lectura, para ser una experiencia transformadora, requiere de un “tiempo robado” al frenesí cotidiano, un tiempo de ocio y de demora que subvierte la tiranía de lo útil y permite el acontecimiento y la autotransformación, equiparando este tiempo con el amor, algo que no se organiza, sino que simplemente es
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