En este artículo se examinan los códigos de la violencia en espacios comerciales en Culiacán como formas culturales en un orden social impuesto por los grupos del crimen organizado en el que el resto de la población ha normalizado los acuerdos. A través del análisis de los resultados de un trabajo de observación participante y entrevistas formales desarrolladas entre el 2012 y el 2014 en dos sectores con diferentes estratos socioeconómicos e indicadores delictivos, se muestra que en ciudades como Culiacán tanto los criminales como los ciudadanos y las autoridades construyen mecanismos para contener y mediar la violencia sobre el territorio. En los diferentes sectores se desarrollan acuerdos informales que se caracterizan por funcionar a partir de relaciones asimétricas de poder, donde participan empresarios, autoridades gubernamentales y organizaciones criminales. Estos códigos además se presentan de manera diferencial según los órdenes de gestión territorial que establecen los grupos del narcotráfico para diferentes áreas de la ciudad.In this article, we examine codes of violence detected in commercial spaces in the city of Culiacán, Sinaloa, Mexico, as cultural forms of a social order imposed by organized crime groups. The investigation shows that criminals, citizens and authorities build mechanisms to contain and mediate violence in the territory in these types of cities. This is achieved through informal agreements that are reached in different sectors of society and characterized by asymmetric power relations between business owners, government authorities and criminal organizations. The codes are set in a differential manner according to the territorial management orders established by organized crime groups for different areas of the city. The information analyzed in this study is the result of fieldwork conducted in the period 2012–2014 in two sectors of the city with different socioeconomic strata and crime rates.En este artículo se examinan los códigos de la violencia en espacios comerciales en Culiacán como formas culturales en un orden social impuesto por los grupos del crimen organizado en el que el resto de la población ha normalizado los acuerdos. A través del análisis de los resultados de un trabajo de observación participante y entrevistas formales desarrolladas entre el 2012 y el 2014 en dos sectores con diferentes estratos socioeconómicos e indicadores delictivos, se muestra que en ciudades como Culiacán tanto los criminales como los ciudadanos y las autoridades construyen mecanismos para contener y mediar la violencia sobre el territorio. En los diferentes sectores se desarrollan acuerdos informales que se caracterizan por funcionar a partir de relaciones asimétricas de poder, donde participan empresarios, autoridades gubernamentales y organizaciones criminales. Estos códigos además se presentan de manera diferencial según los órdenes de gestión territorial que establecen los grupos del narcotráfico para diferentes áreas de la ciudad
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